Problemas en el paraíso ó… Bienvenido 2024?

Las cábalas y el año nuevo. 

Las ganas de empezar de cero.

El deseo de crecer y mejorar,

ser mejores personas.

La decisión de mantener relaciones,

reforzar algunas,

y dejar ir otras.

Romper malos hábitos, 

aprender nuevos,

y recuperar los olvidados.

Pronosticar un buen año.

Bienvenido 2024


Antes de que empiece el año leí en Twitter que este sería uno perfecto, porque qué mejor manera de iniciar el año que un lunes descansando, disfrutando, o como sea que cada uno elija. 

O al menos los que pueden.

El augurio de que todo irá bien generó en mí una orden casi involuntaria, que me obligó a que sea cual sea el resultado, debo buscar el mejor escenario posible. Y lo cierto es que, cuando quiero, puedo obedecer muy bien. O encapricharme, también. Depende de cómo uno elija verlo. 

Soy acuario, btw.

El punto es que el 01 de enero nadie arruinó mi día, o al menos no les permití hacerlo. 

El boyfriend, por ejemplo. Casi le armo una guerra cuando me dijo:

- ¡¿Cuatro horas en playa? ¿Por qué?!

- Porque me gusta.


Fin de la conversación. Para mí no existía otra manera de empezar este 2024 que recibiendo los primeros rayos del sol descansando en la arena, agradeciendo al mar y a la vida nuestra existencia.

Sé que él estaba cansado porque nos desvelamos hasta casi las 5 a.m. juntos (no lo culpo), luego se quedó dormido mientras yo esperaba el amanecer con mi primo. Y no lo logramos, lo confieso. Eran casi las 6 a.m., pero había un cerro que tapaba el sol y mis ojos ya no estaban soportando. De hecho, se sintieron agotados casi todo el día. Quisiera decir que descansé en la playa, pero mentiría. Aunque sí me relajé mucho, el agua del mar tenía una temperatura exquisita. 

Una delicia.

Lo que hubiera dado por nadar adentro, en lugar de haberme quedado en la orilla. Lo malo del Sur Chico son sus grandes olas y que siempre tienen puesta la bandera roja. 

Peligro asegurado.

El sol no me decepcionó, irradiaba como lo esperaba. Más de lo que esperaba, tal vez. 

Anoche no pude dormir en otra posición que no fuese boca abajo. Sí, definitivamente el señor Sol quemaba y yo me he sentido muy bendecida. Sobre todo por tener un inicio así: con el poder de decidir. 

Ojalá todos pudiéramos. 



Las cábalas serían mucho más valorizadas si le garantizaran a uno tener un año excelente, pase lo que pase. Pero a la vida le encanta recordarnos que somos humanos y esta es nada más y nada menos que la realidad, por ende no todo va a ir como uno lo desea. Hay que remarla para llegar a donde queremos. No solo se trata de pedir al cielo y esperar que suceda mágicamente. Hay que actuar, cambiar, evolucionar nosotros mismos, para que el entorno haga lo mismo.


Apenas es 02 de enero y ya siento que el año llega con muchas pruebas de la mano. Creo que desde el 2020 todos queremos empezar el año obviando lo evidente: la existencia del COVID. 

Uff. 

Muy denso comenzar así, pero es lo que hay y digamos que con el tiempo uno se empieza a acostumbrar. Tampoco diré que me sorprende porque días antes a este nuevo recibimiento muchas personas cayeron bajo la enfermedad y bueno, hoy le tocó a mi papá. Gracias a Dios sus síntomas son leves y lo estamos cuidando. Ojalá todos los que se encuentren enfermos tengan alguien que los cuide. Con el tiempo uno empieza a valorar los actos de servicio, sobre todo luego de lo que desde hace cuatro años vivimos.


Cuarentena,

Distanciamiento, 

Mascarillas, 

Antibacteriales…

Y todo parece volver.


Y a alguien le toca volver a casa, la diferencia es que por primera vez no soy yo a quien le corresponde hacerlo. 

Mi novio recibió noticias sobre su trabajo hoy: descubrieron que se estuvo loggeando desde un país que no es los yunaites y ahora está con la soga al cuello. Una situación de mierda, pero que ya veíamos venir al mismo tiempo. La verdad es que esperábamos que no sucediera… si tan solo pudiéramos vivir de nuestros deseos. 

¿Lo voy a extrañar? Definitivamente. Las energías se me bajaron en automático al enterarme, tomé una siesta como de tres horas y aún así siento que no es suficiente. Volvería a la cama y dormiría hasta mañana, pero a penas son las 7:51 p.m. y no da escuchar al cuerpo todo el tiempo. 

“Hay que hacer las cosas aunque no queramos hacerlas” fue lo que me estuve repitiendo a mí misma últimamente y he decidido empezar a escuchar-me, ó a seguir mis propios consejos. Básicamente dejar de hablar al pedo y ser consecuente. 


Comienza un año y junto con ello llegan nuevos retos, incógnitas, recompensas y un poco de retrospectiva también. 

El juego de la vida. 


¿Ya lloré? Obviamente. Ya aprendí que estar destruída por dentro no significa que deba rendirme. Mientras tenga todas las capacidades para continuar, es en lo único que me voy a enfocar: seguir el camino. Pero el mío y no el que me sea impuesto por alguien más. 

Con el tiempo, y tras muchas caídas, descubrí la manera de sostener la mano de alguien a mi lado sin olvidarme de a dónde es que quiero llegar. Y eso no significa cambiar el destino, sino buscar soluciones, una que permita un balance. ¿Difícil? Sí, pero vale la pena cuando esa persona lo merece. No les voy a negar que la idea de volver a separarnos me duele, mantener una relación a distancia es más complicado de lo que parece. Sin embargo aquí estamos, aceptando lo que sea que el destino nos depare, con el único deseo de que a donde sea que nos lleve no nos aleje de aquello que, solo el corazón sabe, es lo que uno realmente quiere.


 

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